Carcoma o termita, cómo distinguirlas antes de comprar el tratamiento equivocado
- 1. Dos sustancias menos en la estantería desde este septiembre
- 2. Cómo se distinguen, el agujero, el serrín y el rastro
- 2.1. La carcoma común y sus agujeros redondos
- 2.2. La termita subterránea, que no deja agujeros
- 3. La carcoma activa casi nunca es un problema de madera, es de humedad
- 4. La que tira una viga no hace agujeros a tiempo
- 5. El mes en que vuela el insecto alado dice la especie
- 6. Por qué en el casco antiguo la madera está dentro del muro
- 7. Qué mira un técnico antes de tratar
Septiembre y octubre son el pico del año en consultas por madera atacada, y también el momento en que más dinero se tira. Casi siempre por lo mismo, se compra un producto para un bicho que no es el que hay dentro. Carcoma y termita no son lo mismo, no viven en el mismo sitio y no se tratan igual. Ver la diferencia entre carcoma y termita cuesta unos minutos y se hace mirando tres cosas.

Dos sustancias menos en la estantería desde este septiembre
Antes de hablar de bichos conviene saber que el armario químico de la madera se ha quedado más corto este mismo mes. El 11 de septiembre de 2026 dejó de poder comercializarse el etofenprox en artículos tratados para protección de madera, y el 22 de diciembre de 2026 le toca a la cipermetrina, las dos por no renovarse su aprobación europea para ese uso.
En los dos casos el motivo no fue que se demostrara un problema toxicológico nuevo, sino que las empresas titulares retiraron la solicitud de renovación porque la evaluación exigía estudios adicionales. Es un detalle importante para no alarmar de más.
Lo que sí sigue aprobado, y hasta 2028, es la permetrina, que es la que llevan la mayoría de los matacarcomas de venta al público. Así que el mensaje útil no es que todo deje de valer, es otro. Mira la sustancia activa del bote y su fecha, no la marca. Y sobre todo, ten claro contra qué lo vas a usar, porque contra una de las dos plagas de las que habla este artículo no te va a servir de nada.
Cómo se distinguen, el agujero, el serrín y el rastro
La carcoma común y sus agujeros redondos
La carcoma común, Anobium punctatum, es un pequeño escarabajo cuya larva se alimenta de la madera durante años. Deja dos pistas inconfundibles. Primero, orificios de salida redondos de uno a tres milímetros, como si hubieran pinchado la madera con un alfiler grueso. Y segundo, serrín fino debajo, de tacto polvoriento, que reaparece a los pocos días si lo limpias y el ataque sigue vivo.

Ese detalle del serrín es el mejor test casero que existe. Limpia la zona a fondo, marca la fecha y vuelve a mirar en una semana. Si hay serrín nuevo, hay larva viva. Si no vuelve a aparecer, probablemente estás mirando un ataque antiguo ya apagado, y eso cambia por completo lo que hay que hacer.
La termita subterránea, que no deja agujeros
La termita subterránea, del género Reticulitermes, que es la habitual en el sur peninsular, funciona al revés. No hace agujeros de salida ni deja serrín. Se come la madera por dentro siguiendo la veta y deja la capa exterior intacta, así que por fuera no se ve nada hasta que la pieza cede o suena a hueco.

Su rastro es otro, cordones de tierra de unos milímetros de ancho, como pequeños túneles de barro pegados a muros, zócalos o pilares. Los construye para desplazarse protegida de la luz y del aire seco. Si ves uno de esos cordones, no estás ante una carcoma, estás ante un problema de termitas en Córdoba.
La carcoma activa casi nunca es un problema de madera, es de humedad
Este es el dato que cambia la conversación. La larva de la carcoma común necesita madera con más de un 12% de humedad para desarrollarse, y se encuentra cómoda entre el 13 y el 30%. Por debajo de ese umbral la actividad se frena y los huevos no prosperan.
En un interior de Córdoba, con los veranos que hace, la madera de un mueble del salón está muy por debajo de esa cifra. Por eso un ataque activo rara vez está en el mueble del salón y casi siempre aparece en el mismo tipo de sitio, la cabeza de una viga metida en un muro, una planta baja, un punto con una fuga antigua o con condensación.
La consecuencia práctica es directa. Si tratas la madera y no cortas la humedad, vas a tratar dos veces. Encontrar de dónde sale el agua es parte del trabajo, no un extra.
La que tira una viga no hace agujeros a tiempo
Hay una trampa más, y es seria. No todos los tipos de carcoma hacen agujeritos pequeños, y precisamente la especie que más daño estructural causa tarda años en dar señales visibles.

El capricornio de las casas, Hylotrupes bajulus, es el mayor destructor de madera de conífera en servicio en Europa. Su larva pasa entre tres y cuatro años dentro antes de salir, y cuando por fin lo hace deja orificios ovalados de siete a diez milímetros, mucho mayores que los de la carcoma común. Antes de eso lo que se nota son abombamientos en la superficie y, en silencio, un crujido de roer que se oye de noche.
De ahí sale la regla que más se incumple. Que no haya agujeros no significa que no haya plaga. Quien inspecciona una viga buscando agujeritos está buscando la especie equivocada.
El mes en que vuela el insecto alado dice la especie
Cuando aparecen insectos con alas dentro de casa, ya sean termitas aladas o carcoma con alas, la fecha es casi un diagnóstico.
La termita subterránea hace su vuelo nupcial entre abril y junio. Si te aparece una nube de alados en primavera, encaja. En cambio, Kalotermes flavicollis, la termita de la madera seca, vuela entre septiembre y noviembre. Y la carcoma común tiene su salida de adultos sobre todo en primavera y principios de verano.
Esto importa porque decide dónde está el nido y por tanto dónde se trata. La termita subterránea no vive en la viga, vive en el suelo y sube a comer. Inyectar o pintar la madera mata a las obreras que están en ese momento arriba y deja intacta la colonia, que sigue enviando relevo. Por eso un tratamiento contra termitas de superficie da una sensación de mejoría que dura poco.
Por qué en el casco antiguo la madera está dentro del muro
Córdoba tiene una particularidad constructiva que complica el diagnóstico. En la edificación histórica es habitual que haya rollizos y pilares de madera embebidos dentro de los muros, no a la vista. Este mismo agosto, en la rehabilitación de un edificio del siglo XIV de la calle Ambrosio de Morales, los técnicos localizaron un ataque activo de termita precisamente en elementos de madera ocultos en la fábrica.
Eso explica físicamente por qué un producto de superficie no llega. Si la pieza atacada está dentro del muro, no hay superficie que pintar. Ahí se trabaja con otros métodos, y lo primero es saber que esa madera existe, cosa que no se ve mirando la pared.
Qué mira un técnico antes de tratar
Antes de aplicar nada, la inspección debería responder cuatro preguntas. Qué especie es, por el orificio, el serrín y el rastro. Si el ataque está vivo o apagado, con la prueba del serrín nuevo. De dónde viene la humedad, si la hay. Y hasta dónde llega la madera afectada, incluida la que no se ve.
Con esas cuatro respuestas el tratamiento se decide solo y se hace una vez. Sin ellas se compra un bote, se aplica donde se ve y el problema vuelve, normalmente al año siguiente y un poco peor.
Si tienes agujeros nuevos, serrín que reaparece o un cordón de tierra en un zócalo, en nuestro servicio de tratamiento de carcoma en Córdoba hacemos esa inspección antes de proponer nada, que es la única forma de no tratar dos veces.




